Diario de una Vecitonta (II)

Vecitonta-II

Hola, me llamo Souji y mi vida es de todo menos la de un estudiante normal. Acabo de salir de casa dejando atrás de nuevo a la pesada de Arisu, una vecina y amiga de toda la vida a la que no sé cómo mis padres consiguieron engañar para que se viniera a vivir conmigo y de paso me hiciera de chacha gratis. Yo agradezco que mis padres se preocupen por mí, de verdad, pero he vivido desde pequeño con mi abuelo y él me enseñó a buscarme la vida yo solo. Una de las cosas que siempre me decía el viejo era: “No te fíes de las mujeres, la mitad están locas y la otra mitad solo van a por tu dinero”. Vale, es un poco extremista, lo admito, y más viniendo de mi abuelo, al que le sale el dinero por las orejas por tener una gran empresa farmacéutica, pero tenía razón en parte: la mitad de las mujeres están locas.

Arisu es uno de esos casos. Me tiene hasta las pelotas, de verdad. Estoy harto de decirle por activa y por pasiva que no quiero nada con ella, que no tenemos un futuro juntos y que me deje en paz, pero la tía es el ser más plasta que existe en este universo. Si hubiesen seres extraterrestres capaces de venir a este planeta y meterse en nuestras mentes para ponernos una tras otra reposiciones de telenovelas de serie Z, os digo que serían menos pesados que ella. En fin, más vale que me dé algo de prisa que hoy he salido con la hora pegada al culo… para variar.

<Cuando Souji va a cruzar el primer semáforo de su camino, una furgoneta aparece corriendo, da un frenazo, da dos trompos y acaba perfectamente aparcada delante de él>

- No me jodas… Ya no me acordaba ni de que es mi cumpleaños. Todos los años lo mismo.

<Una mujer con gafas de sol y el pelo con mechas rosas se asoma a la ventanilla del piloto>

- ¡Souji! ¡Cariño! ¡Te estábamos esperando!

– Hola mamá, cuánto tiempo.

Así es, esta mujer con pintas de hippie es mi madre. Y ese calzonazos que va a su lado con cara de feliz, seguramente por haber fumado sustancias poco legales, es el inútil de mi padre. Mi abuelo es el padre de mi madre, la cual en sus años de universidad apuntaba muy alto, y es que era una estudiante estupenda… hasta que conoció a mi padre. Él procedía de una familia con poco dinero y era una mala influencia a todas luces para mi madre, con lo que a mi abuelo no le hacía la más mínima gracia su relación. Cuando mi madre decidió dejar la universidad para ir a recorrer mundo en la furgoneta de mi padre, se lió la de Dios, y más cuando encima lo último que le dijo mi madre a mi abuelo fue que cuidara de mí. Y si os lo estáis preguntando, sí, la furgoneta que conducen ahora es la misma que tenía mi padre en la universidad. Son la hostia.

- ¿Cómo ha ido el año, Souji, cariño?

– Pues un poco como siempre mamá, aunque vuestra querida Arisu me tiene la cabeza como un bombo ya.

– Vamos hijo, no digas eso. Arisu es una buena chica. – dijo su padre mientras se bajaba de la furgoneta

– No me jodas papá. Esa chica está tarada. Vive en su mundo. De verdad que te lo digo. No sé cómo se os ocurrió la idea de hacerla vivir conmigo.

– Vamos, vamos, no te pongas así, cariño. Sabes que tu padre y yo lo hicimos por tu bien. Tu abuelo ya casi nunca está contigo en casa y no queríamos que estuvieras solo.

– Sé apañármelas yo solo mamá, no soy un crío…

– Pero hay cosas que son más placenteras cuando una buena mujer te ayuda con ellas. No sé si me entiendes… – dijo su padre mientras le daba golpecitos con el codo

– Sé por dónde vas, lo sé. Pero no me interesa en absoluto. ¿Podemos acabar con esto? La gente me está comenzando a mirar raro por estar aquí de pie con vosotros y no tengo ganas de que todo el barrio se pregunte qué hago con una mujer con pinta de hippie y un tío con camisa hawaiiana en calzoncillos…

– ¡Libertad, hijo! ¡Libertad! Nunca dejes que el “qué dirán” sea lo que guíe tu vida.

– Lo que tú digas papá, lo que tú digas… A ver, sorprendedme, ¿qué me habéis traido este año?

Mis padres son lo más irresponsable de este mundo. Os lo digo de verdad. Lo único que evita que les escupa a la cara cuando les veo es que sean de mi misma sangre, porque de lo contrario no lo dudaría ni un momento. Eso sí, tienen una extraña fijación con venir todos los años a visitarme el día de mi cumpleaños con esta destartalada furgoneta a traerme algún regalo que normalmente no sé ni para qué sirve y acabo tirando en el fondo de un cajón el mejor de lo casos. En el peor de los casos tengo que pedir al servicio de recogida de trastos que venga a por el tótem indio que me han regalado y que no quiero ver ni en pintura.

<Su padre sacó una pequeña caja del bolsillo del pecho de la camisa hawaiiana>

- Toma hijo, tu regalo de cumpleaños. Felicidades.

– Vaya, he de admitir que me sorprende que sea algo tan discreto, aunque me da miedo abrir la caja para ver qué tiene dentro. Pero vamos a v…

– ¡Ni se te ocurra! – gritaron su padre y su madre a la vez

– ¿Cómo que no? ¿Acaso no es mi regalo? Voy a llegar tarde a clase y tengo ganas de acabar con esto. En serio, tengo prisa. Cuanto antes pase el mal trago, mejor.

– No hijo, no. El regalo de este año es muy especial, así que queremos que lo abras cuando estés a solas y puedas tomarte tu tiempo.

– No me voy ni a molestar en preguntar. Así que gracias, y hasta el año que viene… supong…

<No le había dado a terminar la frase cuando sus padres ya habían arrancado la furgoneta y salido disparados cual estrella fugaz>

- ¡Adiós, ¿eh?! Chst…

Bueno, por lo menos hoy ha sido mejor que el año pasado, que entraron con la furgotrasto en mitad del patio y subieron hasta mi clase en mitad de un examen a dejarme una máscara de no sé ni qué tribu indígena del amazonas. Más vale que acelere, que hoy de verdad que no llego.

[08:04] Entrada del Instituto Kasisuspendo

Me cago en la puta. Sabía que hoy llegaba tarde. Y justo hoy, justamente hoy, que tiene turno de vigilancia de la puerta…

- ¡SOUJI!

Y ahí está, la presidenta del consejo de estudiantes. La tía más recta que os podáis echar a la cara. Es incapaz de dejar pasar una a nadie, y lo peor es que va conmigo a clase. La semana pasada pilló a un compañero mascando chicle en clase y le solto tal hostia que lo lanzó por la ventana. Menos mal que nuestra clase está en un primer piso, porque de lo contrario le habría hecho polvo.

- Buenos días, Kaede.

– ¡¿Sabes qué hora es?! ¡Ya deberías estar sentado en clase! – gritaba mientras agitaba un abanico de papel

– Sé qué hora es, sé que llego tarde y tengo más prisa de la que te imaginas, así que si no te importa voy a ir tirando y dejamos el sermón para más tarde.

– ¡¿Encima vas a ignorarme?! ¡No tienes vergüenza!

[08:12] Entrada del Instituto Kasisuspendo

No lo vi venir, de verdad. Me siento como si me hubiese atropellado un tren. No sé qué esteroides daban a esta muchacha cuando era pequeña, pero de verdad que es insoportable. Por desgracia a Kaede Higoseko también la conozco de toda la vida, y no es mala chica, pero esa maldita manía de responder a todo con hostias no es muy sana, al menos para mí.

- ¡Souji! ¿Eftáfs bfien? – Arisu estaba de cuclillas a su lado sujetando su mochila con las rodillas

– ¡Arisu! ¿Qué haces tú aquí, hija de Satán?

– ¡Ay! Me enfcantan los mfotes cariñofos que me pfones.

– Sácate la tostada de la boca y luego me hablas. Me estás llenando de perdigones, joder.

– ¡Lo siento! No sé cómo lo hago que todas las mañanas acabo teniendo que comerme las tostadas corriendo de camino a clase.

– Lo que pasa es que se te queman hasta el punto de ser como bloques de hormigon y te hace falta media hora para acabarlas de roer.

– ¿Roer? ¿Entonces soy tu ardillita?

– Más bien mi pesadilla, pero bueno.

– ¿Entonces sueñas conmigo? Ay, pillín…

Dios, no. En serio, no. Si alguna vez conocéis en persona a Arisu Tontikawa lo mejor que podéis hacer es IGNORARLA. Da igual lo que le digas, a ella le instalaron en el cerebro el “país de las piruletas 1.3″ cuando era pequeña y no la han actualizado todavía. Si hasta aún cree en Papá Noel, pero justifica que no le traiga regalos diciendo que a los mayores ya no nos hace caso porque pedimos cosas muy caras y arruinaríamos al pobre Papá Noel. Es la polla.

- Arisu, no tengo tiempo para tus chorradas. Llegamos tarde a clase.

[08:16] Entrada de la clase 2-3

¿Y este jaleo? No he entrado todavía en clase y estoy escuchando una barbaridad de gritos. Cosa extraña, puesto que a estas horas de la mañana no suele escucharse ni una mosca, eso es que algo ha pasado.

<Souji abrió la puerta y lo primero que vio fue a su compañero Temeto delante de la pizarra dibujando un par de tetas>

- ¡Y como tenemos hora de estudio porque el profesor de ciencias no ha venido hoy, vamos a puntuar las tetas de las chicas de la clase!

<Una lluvia de papeles y todo tipo de material escolar llovió sobre Temeto>

- ¡Temeto! ¿Qué haces tío? – gritó Souji desde la puerta con cara de extrañado

– ¡Souji, colega del alma! ¿Te viste el DVD que te presté ayer?

– Pues…

No sabía qué decirle. Lo cierto es que lo probé nada más llegar a casa. La tía de la portada estaba buena y yo tenía ganas de meneármela, pero cuando puse aquello y la tía comenzó a cagar en un plato para luego sacar una cuchara y ponerse a comer, me dio tal bajón que se me quitaron las ganas hasta esta mañana.

- ¡No seas tímido, joder! ¡Di que te gustó! Eso es algo natural. Lo que sale del cuerpo, pa’ dentro de nuevo. Lo más normal del mundo. Es como la terapia esa que hay en la que la gente se bebe sus propios meados y se le curan los dolores.

– No es para nada lo mismo, pero bueno.

– Vamos a puntuar las tetas de las tías de la clase, aunque a ellas no les haga mucha gracia. ¿Te apuntas?

– Mejor paso, que ya sabes cómo está el tema con Arisu.

– ¿Otra vez con esas? ¡Métele el rabo de una vez, joder!

– ¿A esa loca? Ni de coña. Me sigue a todas partes. El otro día entró a mi cuarto justo cuando me iba a correr, del susto no me dio tiempo a coger un pañuelo de papel y se me escurrió por toda la pierna. ¿Sabes qué hizo la tía? ¡Ofrecerse a limpiarme! ¡Con la lengua!

– Tío, esas son las mejores. Sé que es un cardo, que de hecho yo tengo una foto suya en mi cuarto que uso como diana, pero tiene un agujero. ¿Qué más puedes pedir?

– Que no se me caiga a cachos el rabo al meterla en ese agujero.

– Eres el tío más pijales que he visto en mi vida.

De verdad, no sé por qué somos amigos. Es uno de esos misterios de la vida. Siempre me ha parecido un guarro, un insensato, un capullo y un bocazas, pero nada, somos amigos. Que Dios baje y me lo explique porque yo no lo entiendo. Y ahora que caigo, ¿cómo está este locuras aquí de pie? ¿Y el delegado?

- Eh, Temeto, ¿qué ha pasado con Setekaga?

– ¿Con el delegado? Me llamó esta mañana por teléfono justo cuando iba a salir de casa. Por lo visto ayer no tuvo tiempo de lavar el uniforme escolar y no ha podido tenerlo listo para hoy. Me ha pedido disculpas. Ya he avisado a Higoseko del asunto.

Hostias. No tener el uniforme listo es una de las mayores desgracias conocidas en este mundo. No sé por qué, pero parece que medio instituto tiene una sola muda de ropa. Si se le ensucia, está jodido. Debe ser la crisis o algo. En fin, me voy a mi mesa que estoy cansado ya de buena mañana.

- ¡Souji! Ya estoy aquí sentadita, detrás de ti. Así no te pierdo de vista, que no sabes cuidarte solo. – gritó Arisu justo cuando Souji se sentaba

– ¡Me cago en Dios! No me des esos sustos, loca de los cojones.

– De verdad que me gustan los motes que me pones. Eres una monada. “Loca”, como “Juana la Loca”, lo cual quiere decir que para ti soy una gran figura a seguir.

– No, quiere decir que pienso que estás zumbada, que estás como una cabra, que te falta un tornillo… o una ferretería entera.

– ¡Ah! Me olvidaba. Toma, te dejaste el almuerzo en casa…

La puta madre que la parió. Que me ha traido esa mierda incomible a clase. Que no la quiero joder, no me había olvidado, lo había dejado abandonado con la esperanza de que explotase al salir yo de casa y te reventase la cabeza, o al menos las piernas, lo justo para que no pudieras seguirme por un maldito día y me dejases en paz. En fin, la ignoraré hasta la hora del almuerzo.

[ Hora del almuerzo, azotea del instituto]

Ah, mi ratito de paz. Es increíble lo tranquilo que estoy aquí. He pasado hasta de ir a pillar comida a la cafetería. Bastante me ha costado ya esquivar a la plasta de Arisu para que me deje en paz. Me está dando sueño.

<De repente la puerta de la azotea se abrió de un portazo>

- ¡SOUJI!

– ¿Qué leches…? ¿Kaede? ¿No te ha bastado con la que me has soltado antes?

– ¡No! ¡No me basta! ¿Cuándo aprenderás a comportarte?

– Qué puta manía tenéis todas las mujeres de mi entorno con que no sé comportarme. Si creo que soy el más normal en este zoo al que llamas instituto.

– ¿Zoo? ¡¿Entonces yo soy la líder de los monos o qué?!

– Solo he llegado tarde por culpa de Arisu, que me entretiene con sus bobadas todas las mañanas.

– Arisu… – Kaede pareció calmarse, pero en realidad los dientes le rechinaban

Siempre que tengo problemas con Kaede saco a Arisu a la conversación. No soy idiota, Kaede está enamorada de mí, pero aunque está como para echarle 30 polvos seguidos hasta que me despelleje el nabo, cualquiera tiene una relación con la tipa esta. Me abre la cabeza al primer aniversario que me olvide, a la primera que le diga que un vestido la hace parecer gorda o que no me coma sus infectas comidas, porque esta tampoco tiene ni puta idea de cocina.

- ¡Me voy a buscar a Arisu para hablar con ella muy en serio! ¡Lo que ha hecho es inaceptable!

<Y Kaede salió disparada por el mismo sitio por el que había venido>

En fin, ahora podré relajarme, que va siendo hora. Menuda panda de locos joder, entre unos y otros me tienen ya…

<Otro portazo hizo que Souji diera un salto rápido para incorporarse>

- ¡Souji! ¡Tu almuerzo! Como no comas bien te vas a quedar en los huesos…

– Oh, Dios, Arisu…

– ¿A qué viene esa cara de decepción? ¿Acaso interrumpo algo? ¿Estabas en uno de esos “momentos” tuyos…?

– Que estamos en el instituto. De verdad, deberías hacértelo mirar…

– No pasa nada, te lo perdono. Sé que eres un chico y tienes necesidades, pero me gusta cómo me protejes. Además, he visto las cámaras que has puesto en mi cuarto para vigilarme… Gracias.

En realidad las puso el pesado de Temeto cuando vino a mi casa la semana pasada. Yo por error vi a esta en bragas y casi me quedo ciego intentando encontrar, por mera curiosidad, rastro de tetas en su pecho. Me pica hasta la curiosidad verla desnuda para ver si no me engaña y resulta ser un tío, porque tal planicie no es normal a su edad.

- Bueno, siento mucho tener que dejarte Souji, pero me esperan en el club de literatura para una reunión importante. ¿Podrás comer tú solito? ¡Adiós!

Y tal como ha venido, se va. Joder, ¿tengo un puto GPS metido en el culo? ¿Lo tengo? Me rebuscaría aquí mismo, pero tengo miedo a que aparezca alguien más, me vea metiéndome los dedos en el ojete y se piense lo que no es. Bueno, tal vez sencillamente piense que me estoy metiendo los dedos en el ojete, pero igualmente no me traería muy buena fama. Joder, ¿por qué no dejo de pensar en meterme los dedos en el ojal? Me cago en Arisu, que me está pegando sus locuras ya.

Ahora que caigo… Todavía llevo en el bolsillo el regalo de mis padres. Podría ver qué es de una vez y me quito la angustia. Será alguna de sus chorradas…

<Souji sacó la cajita del bolsillo del pantalón y la abrió con miedo, como esperando que le explotase>

¿Esto qué es? ¿Un colgante? Es horrendo joer, parece de vieja viuda. Pero tiene un brillo raro…

<Tan pronto se acercó el colgante al ojo para verlo mejor, un rayo de luz salió disparado hacia arriba>

- ¡¿Pero qué cojones es esto?! ¡¿Una bomba?! ¡Si lo llego a saber se lo regalo a Arisu, hostias! ¿Y qué es eso?

<La columna de luz se fue disipando y tendida en el suelo había una chica rubia, bajita… y desnuda>

- ¡La madre que me parió! ¿Esto qué es? Joder… joder… joder… ¿De dónde ha salido esta tía? ¿Qué hago yo ahora?

<La chica abrió los ojos, se puso en pie, se sacudió el largo pelo rubio hacia atrás y se acercó a Souji>

- Souji Sugisaki, has sido escogido para ayudarme. A partir de ahora serás mi compañero.

– ¡¿Cómo dices?! ¡Y joder, tápate un poco! ¡Que menudo matojo tienes ahí abajo!

Y así, perdido en sus grandes ojos verdes, me quedé pasmado intentando con todas mis fuerzas no mirarle las tetas… que eran dignas de contemplarse, con esos pezones duros y rosaditos que… ¡No! ¡Contrólate Souji! ¡Que te pierdes! ¿Qué querrá esta chica? ¿Compañero? ¿De dónde ha salido? ¿Por qué va desnuda? ¿Cómo es posible que esté tan buena…? Oh, Dios, no tengo ni idea de qué va todo esto, pero menudo pajote me pienso hacer cuando llegue a mi casa…

CONTINUARÁ…

3 Responses

  1. Tetsu dice:

    jajaja demonios, me he quedado clavado con lo chusca que esta la historia XDDDDD

  2. Chronosh dice:

    me encanta, tienes una narrativa super adictiva. mañana me fumo lo que queda

  3. Perrier dice:

    Arisu Joder, muerete ya!!
    La cruda realidad de la amiga de la infancia/vecina

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